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Buenos Aires

Kafka visita San Justo

 

Por Carlos Rigel (Colaborador Especial)

La Biblioteca Popular Almafuerte de San Justo nos abrió sus puertas el Sábado 8 de Octubre pasado con motivo de una conferencia a la que convoqué y que terminó con destellos de un improvisado café literario. La institución funciona en la Sociedad de Fomento de Villa Constructora de la calle Sarratea y el causante del evento no fue otro que el mismo Franz Kafka, él y su obra inquietante La metamorfosis. La idea fue acompañar al público presente durante la tarde en una guía analítica construida a través de uno de los textos peor leídos del siglo XX –en mi opinión– y el descubrimiento de la trama profunda de un relato de lectura obligatoria para estudiantes de nuestros colegios secundarios.

El vehículo del encuentro fue la promoción de la edición reciente de La metamorfosis: un análisis por el sello editor que presido AstroRey Public Ediciones, con un análisis de mi pluma que detalla capítulo a capítulo los pormenores y las pistas poco advertidas por el lector, y que sin embargo brinda el autor de Praga, quien no previó la tensión desmesurada y desproporcionada de semejante comienzo de historia, el mismo inicio que ha evadido el análisis simple y claro, y ha dejado espacio al interrogante abierto por donde filtran los adeptos de la filosofía con la hermenéutica, y el acceso de psicólogos con la prédica de los complejos freudianos en un asunto cuyo origen es estrictamente literario.

Se trata del autor peor interpretado en un título clave cuya comprensión coadyuva al redescubrimiento de su obra total. En un tiempo donde domina la lectura rápida de bajo contenido y la interpretación ligera y hasta caprichosa, donde incluso Google y Wikipedia erosionan el escrito cuando lo sedimentan en la ambigüedad, el análisis literario resulta oculto, hermético y poco frecuente. Pero es el único válido. El público de San Justo respondió a la convocatoria puntual y al comienzo asistió con un silencio solemne, pero luego con una participación activa y deductiva para destacar, algo que colateralmente confirma que no existe una muerte del libro mientras haya humanidad sobre la Tierra.

Los anfitriones de la casa, la bibliotecaria María Angélica Maldonado Dendarys y sus colaboradores, la profesora Paula Orive, ambas damas ocuparon la primera fila, y Abdón Orive Alonso, quien optó por sentarse en la última línea desde donde participó como público, fueron cordiales y agradecidos con los inscriptos a la jornada. El público fue en su mayoría adulto y femenino, a veces acompañados por estudiantes adolescentes, más algún solitario de nivel terciario con preferencia por la dramaturgia. Hubo aperitivo, café y bebidas en el intermedio programado por las autoridades de la institución antes de continuar con lo que al fin tuvo características, como decía, de encuentro cultural o café literario. No hubo debate, propiamente, sino sinergia grupal y activa.

La invitación fue disfrutar de los símbolos del texto, un plano de acceso y la exploración de la mente y a la obra del autor austrohúngaro, libre por completo de interpretaciones vagas, como se usa en este tiempo light, donde se resiste al análisis en favor de las pulsiones interpretativas libres de cada uno –cuando no desgarradamente psicológicas acaso para embarrar peor la cancha–, como si la literatura no tuviera herramientas suficientes para analizar textos cuando se vale de sí misma para indagar y descubrir el latir de una obra, precisamente, literaria. Basta pensar que el autor no desarrolló un enigma impenetrable sólo accesible por métodos psicoanalíticos ni filosoficos, sino un relato del cual esperó una compasión nunca lograda del lector común.

La prueba o evidencia que primó junto al público, es la de nunca postergar el sentido común y sereno. En una época donde prioriza la facilidad cómoda de la imagen y el mensaje sucinto e inmediato de las redes sociales, un autor del realismo mágico nos obliga a la lectura completa de un texto en busca de las causas de una evolución agónica e inquietante abierta al comienzo. No hubo lectura de capítulos, sino apenas de la primera oración del relato, y fue inevitable citar desde la ensayista norteamericana Susan Sontag hasta el semiólogo y novelista Umberto Eco, ya que ambos reaccionaron oportunamente contra la inmediata interpretación libre como recurso de conclusión en textos de literatura.

En los ’70, leer una crítica de Monegal –o en los ’90 una de Cabrera Infante– no sólo ilustraba y creaba necesidad de ir al origen de la cita, al libro en cuestión, sino que eran un deleite literario de colección. Ese mismo gozo por la lectura poseyó al encuentro en la biblioteca donde fue inevitable recordar al padre del cuento, Edgar Alan Poe, al memorioso y analítico Jorge Luis Borges, atravesar el pensamiento profundo de Ernesto Sábato y las revelaciones acertadas de Julio Cortázar. También recordar que el método kafkiano fue la herramienta fundacional en la obra del Nobel Gabriel García Márquez. Cabe ahora preguntarnos en cuánto afectó el autor austrohúngaro de La metamorfosis al corazón del realismo mágico latino en su mismo epicentro, el Boom de los ’70, esa «conspiración rioplatense», en palabras de Infante.

Lo cierto es que al cierre de la edición hubo pedidos del público de preparar y presentar a otros autores de la literatura universal en la misma sede. Pero el episodio abierto en la Biblioteca Popular Almafuerte y el compromiso de los vecinos me obligan a pensar en un programa de visitas a bibliotecas del distrito durante los meses siguientes con el mismo formato de presentación. Quizá el próximo encuentro lo realice en la Biblioteca Popular de la Imagen, la foto-escuela, también de San Justo, aunque incluso hay avances en definir fechas en Morón y posiblemente en Merlo.

A 101 años de escrita la obra emblemática de Kafka y acaso más perturbadora del realismo mágico universal sigue concitando interés porque abre interrogantes y paradigmas que promueven la lectura. Sin duda alguna, don Franz, ha ingresado en ese territorio fuera del tiempo habitado por dioses humanos y que a menudo llamamos eternidad.

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CR

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