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Buenos Aires

Pedro Chappa y su último libro: Una Copa desde el Fondo

Por Carlos Rigel (Colaborador Especial)

 

Presentar un libro en un teatro no sería novedad, pero si digo que se trata del tercer volumen de poemas y prosas del tridimensional Pedro Chappa y que el teatro La Tapera es un emblema rural, resistiendo los tiempos y las crisis en la Laferrere, partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires, la cosa cambia; adquiere otra dimensión.

No se trata de ninguna excentricidad con el episodio sino lo contrario, la concentricidad de una composición armoniosa entre el autor tresarroyense importado a La Matanza, cultor de imágenes de color local en una localidad sacudida por décadas de postergación y asimetrías brutales, y un teatro hecho de tracción a sangre y pasión en las márgenes de ese distrito desigual. Pero no podía ser de otra manera que de las fracturas sociales, del quiebre institucional y de la crisis, emergiera un polo cultural que desborda la copa y derrama sobre la Patria, atropellando márgenes y Estados, desde la llanura hasta las sierras precordilleranas, como el epicentro de un terremoto cultural.

Miembro del grupo Castillo –recientes Premio Konex– en épocas de la revista «El escarabajo de oro», Chappa conserva memorias detalladas de personalidades hoy casi herméticas de la literatura nacional. Lúcido, reflexivo y tridimensional, su obra a la fecha registra Al costado del camino, Un violín en Praga y Villegas, y el volumen de reciente edición Una copa desde el fondo, que no son parte de una trilogía en sí misma sino apenas los tres pedazos momentáneos de una vida escrita. Pedro Chappa no es el artífice del nihilismo sino una especie de Steven Hawking de los detalles: estalla un big bang poético-universal de cada instante sentido.

tapera

 

El teatro La Tapera es, en sí mismo, una alocada postmodernidad: una nave espacial de estilo colonial donde conviven candelabros y artefactos electrónicos de diferentes generaciones, y abrió sus puertas amplias y generosas de sus jardines –y hasta la quinta del fondo– para recibir a los invitados en una tarde levemente calurosa y donde la previa fue ronda de mate, fotos e intercambio de anécdotas y salutaciones. Es una suerte que la sonrisa frívola, el saludo hueco y la formalidad estéril característica de estos encuentros abran camino a los afectos sinceros del corazón, la amistad y la comunión de faunos nacidos en la mitología poética de la llanura matancera.

El evento contó en la apertura con un video recopilado por Martín Biaginni con escenas de los orígenes del fauno tresarroyense, luego los saludos grabados y felicitaciones llegadas desde el exterior para el autor, y en el cuerpo del evento, el análisis de nuestra poeta Anahí Cao. La lectura de poemas estuvo a cargo de los dramaturgos Gino Bencivenga y Stella Maris Lanzilotta, ambos directores del teatro. En una época donde abunda la poesía frívola diseñada para el aplauso ocasional y olvidable, la obra de Chappa sobresale cuando se cumple la invitación elemental al lector a observar a través de sus ojos el mundo de los sucesos y los fenómenos cotidianos.

Los ausentes de siempre, como es de esperar, fueron los miembros de Autores de Matanza, el elenco estable y funcional de poetas y narradores mediocres del gobierno matancero, hoy ajenos a los verdaderos síntomas de una apertura cultural del oeste de GBA que viven sus vecinos, los mismos que irradian, que salen, que visitan, que viajan, que amalgaman cultura de identidad. Nuestros mejores embajadores culturales, los actores y tractores activos, quienes identifican al latir de una región, no están listados ni reconocidos por el gobierno local; ni siquiera advertidos. Lo que debería ocupar el eje ocurre en las márgenes centrípetas.

Pero tampoco podía ser de otra manera que el evento fuera realizado externo a la participación cultural del municipio y con el desconocimiento del gobierno local. Casi todo lo importante o trascendente que autodefine el perfil artístico de una comunidad de contrastes endosociales profundos ocurre más allá de la vista parcial de nuestras autoridades distritales. El desconocimiento de la valía de cada vecino es otra característica común del conurbano bonaerense y La Matanza no escapa a la regla chueca.

Se habló durante la noche de las diferencias entre el grupo de Autores de Matanza –los ausentes– y el grupo Cao –miembros del grupo La luna que se corto con la botella–, muchos de ellos presentes. Tampoco hubo miembros del grupo La besana, cuya figura central es nuestro poeta José Paredero. Ni del grupo El ángel, comunidad que edita una revista en Virrey del Pino. La curiosidad es que no pertenezco a ningún grupo y sólo me muevo según la relevancia del acontecimiento y no por su dimensión, sino por la trayectoria artística de sus protagonistas. Eso determina mi concurrencia. Pero, acaso el comportamiento segregacionista habla de una división latente que escapa al control del Estado y anticipa la disolución final del partido: en los hechos está dividida.

Pero la advertencia que conlleva esta síntesis no es ya para esas autoridades locales de visión sesgada, sino para los distritos de la provincia de Buenos Aires con apertura tras el cambio de finales del año pasado y la baja  de espacios militantes de obediencia incondicional, y con la alternativa de no caer en los mismos errores operativos. En cuanto a nuestras autoridades locales, tal parece que han hecho carne propia la frase «si no ayudan, entonces no molesten», donde no molestar involucra de lleno al Estado y consiste en no saber, en ignorar, en desconocer, en subestimar y ningunear. Lo esencial sigue siendo invisible a los ojos.

Pero es bueno tener referentes de lo que no se debe hacer ni permitir que ocurra por desconocimiento ni por la desidia del aparato estatal. Y no me refiero a la realización del evento, sino a la ausencia y la promoción de un vecino sobresaliente de nuestra comuna. La sola presencia de un miembro de la Secretaría de Cultura y Educación de La Matanza habría bastado para homenajear a don Pedro Chappa: no es miembro de ninguna organización funcional, no expone en ninguna feria ni lee sus poemas, buscando el aplauso, tampoco reclama el reconocimiento: es apenas un poeta sobresaliente más en un trigal machucado y herido de un feudo llamado La Matanza.

 

 

CR

 

 

 

 

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