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El después de Octubre

Por Carlos Rigel (Colaborador Especial)

 

Pensar que América está unificada por la territorialidad geográfica es un eufemismo. Qué tiene que ver una cultura esquimal precolombina con otra isleña afroamericana, inyección resultante de esclavos; o una corriente anglosajona de conquistadores con otra nativa e india precolombina al sur continental; o la síntesis de una migración de etnias araucanas cruzadas con un sangrado español y otra etnia incaica con otra francesa radicada en la selva; o la guaraní, aún con huellas viquingas en la simiente y las comunidades germanas de Sudamérica. Y después moros y hebreos con las corrientes migratorias posteriores de italianos, con rusos, con polacos. Cómo encontrarles un factor común que los unifique.

Mientras tanto les compramos baratijas en el mercado regional para decorar nuestras paredes, hasta ahí llega nuestro compromiso solidario. Algo así como donar 5 pesos a CARITAS un día del año para no sentirse tan indolente el resto del año, es decir, los otros 364 días que le faltan. Porque América no es África, un continente con dominante negro y el CNA ahora viralizado en grupos de asesinos de tribus con títulos amplios como «Frente para la liberación de…», justificación ejemplar para la limpieza tribal despiadada por el dominio total de los recursos mineros: ellos son los nuevos esclavistas. Nadie dice: «¡Por culpa de los ingleses somos así, tan desalmados!». Antes el conquistador era gringo y el esclavo era negro, ahora el gringo es negro y el esclavo también, todos son negros, conquistadores, tiranos, dominados y esclavos. Y al margen: África hoy tiene más esclavos que nunca, ¿y cuál es la diferencia? ¿África es libre?

El 12 de Octubre pasó. Acabaron las discusiones siempre estériles. El conquistador vive adentro, y aunque dicen que llegó del Viejo Mundo, ese plano material sigue vigente hasta nuestros días o lo hemos aceptado tan libremente que olvidamos la sumisión y el abuso del origen. Parece más atractivo luchar por reivindicar el pasado que librar las batallas reparadoras del presente. El sarcasmo es la dialéctica se encuentra la solución que expiará nuestras culpas los 364 días que no son 12 de Octubre. América, ¿es libre o esclava?

Vivimos resentidos pero no definimos todavía contra quién. Alguien debe ser el causante de nuestra desdicha de vivir hoy llenos de rencor. Alguien lejano y remoto debió arruinarnos el destino de grandeza, por eso vivimos infiltrados por «vivos criollos». Sin duda el causante de tanto mal debe ser un extranjero, alguien indolente, sin valores ni reglas, alguien lleno de joyas como prueba visible de que todos podemos alcanzar el mismo status, alguien que roba nuestros esfuerzos y nos entrega a cambio espejitos y chucherías de colores, o bellos discursos, o fáciles y simpáticos, o que nos promete el paraíso jamás ganado por derecha. Parece que ellos, los conquistadores de hace 500 años, trajeron nuestros males de hoy: el narcotráfico, el delito callejero, la explotación de los niños, la trata de mujeres, la trata de niños, la mentira, la ilusión, el robo, la estafa a nuestros sueños…. así se lavan las manos los hipócritas del relato actual.

La parte infame es que para encontrar nuestros orígenes históricos hay cruzar al Atlántico. Nadie tiene la tierra y todos la tienen. Echamos a los españoles y vivimos penetrados por ellos, y echamos a los ingleses y tienen posesión sobre medio país, y echamos a los franceses pero tienen la selva, y renegamos del norteamericano pero les concedemos los acuíferos del norte argentino, tierras al sur, el descenso de tropas, cerramos tratos con mineras como Barrick Gold, además, los alzamientos los auspicia Mcdonals y el HSBC financia las esperanzas. Después descubrimos que los nuestros son tan malnacidos como aquellos.

¡América libre!, grita la sangre de: italianos, alemanes, árabes, polacos, ingleses, franceses, holandeses, hebreos, rusos, ingleses, españoles, chinos, coreanos, japoneses… y sus descendientes. ¿Libre de quién?… de italianos, alemanes, árabes, polacos, ingleses, franceses, holandeses, hebreos, rusos, ingleses, españoles, chinos, coreanos, japoneses… y sus descendientes. ¿Alguien podrá explicar esta burla? Y los precolombinos miran sin entender la sátira del tiempo. Distinto, por ejemplo, lo de Filipinas, también parte del imperio español, cuna de guerreros feroces que enfrentaron a los conquistadores y reconocidos por el Rey Felipe II con una orden de caballería que alcanza a nuestro presente; ellos no tienen resentimientos ancestrales, por eso apenas conservan una tradición de nombres hispanos y poca memoria del pillaje no permitido. Y de la corrupción que tienen en sus gobernantes no buscan responsables en los siglos: son bien autóctonos y contemporáneos.

América es una fantasía, una utopía sobrante del siglo XIX. El 12 de Octubre terminó ayer, hoy es 13. Hoy finalizan las muestras de solidaridad tan sólidas que dura el tiempo de comerse una hamburguesa de Mcdonals con una Coca-Cola. Y a seguir el carnaval de caretas. Parte de esos pueblos apartados residen en los estados provinciales, asisten a las escuelas, pero casi nadie apadrina a esos establecimientos distantes. Allí termina la solidaridad del 12 de Octubre, porque en nuestras mentes occidentales las etnias precolombinas pertenecen a una edad fosilizada al lado de los dinosaurios. Son la prehistoria de América sepultada viva.

Hay una batalla en cada estado del continente pero el resultado de la guerra total a través de los siglos está expuesto. No hay ni hubo piedad. Los esclavos ahora yacen libres pero siguen siendo esclavos; y darles una cuota de poder los convierte en conquistadores feroces, mientras las etnias precolombinas siguen segregadas merced al degüello de sus tierras; incluso de sus vidas o sus libertades. Por ejemplo, hasta hace pocas décadas, miembros urbanos de la comunidad paraguaya entraban en la selva en avanzadas armadas para capturar indios guaranies. Dicen que los los habitantes de la selva venían maniatados y muy mal malhumorados.

Como a venezolanos sorprendidos en su buena fe, nos contaron el relato de un imperio: el enemigo está afuera. Siempre habrá un imperio que nos impide ser felices. Es la manera que justifica no fijar la vista en los enemigos internos. La observación final es que en el XXI los precolombinos siguen siendo «indígenas» (indigentes), o «aborígenes» (sin origen), pero resulta que hay que prestarse al juego de que el culpable está lejos… y resulta que está aquí y somos nosotros.

Octubre terminó, y aunque la perspectiva varió a Noviembre, ese relato todavía busca adhesión a las manifestaciones de triste desgarro por el paso de los siglos irresueltos, que asumamos todos un pecado original continental, porque ése es el juego presente: negar nuestro pasado conquistador y tomar distancia. Es el juego de los atacantes hipócritas. Tenemos ahora demasiados Nelson Mandelas, pero basta con que nuestra hija querida nos llegue de la mano con un habitante originario precolombino para que la defensa de las etnias se  vuelva arma, y donde la lucha de razas regresa tan sanguínea como antes.

 

 

CR

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