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Buenos Aires

Apertura cultural en Merlo

Por Carlos Rigel  (Colaborador Especial)

En  la década de los ’80 viajaba a diario con el ferrocarril Sarmiento camino a Once y en tránsito al barrio de Belgrano, en la Ciudad de Buenos Aires, donde trabajaba como técnico. Y era inevitable, entre estaciones y barreras, fijar la vista en un grafiti de un paredón distante cuya localización exacta hoy tengo olvidada –quizá entre la estación Ciudadela y tal vez Villa Luro–, que decía con letras cuadradas y sinuosas: «Merlo aguanta».

Y aunque hoy el concepto de «aguantar» viene desenfocado y deteriorado por una militante mano de obra desocupada, digo que aquella frase, aunque no parecía la creación sobresaliente de un poeta popular y menos de un literato, cuando menos nos debe recordar la templanza en tiempos de adversidad, pero vuelvo a recordar esta sentencia de anacrónica a impávida mientras vuelvo a la ciudad de San Justo, también de GBA, luego de un encuentro promisorio en Merlo.

Superados los años de mayor oscuridad que vivieron los vecinos del distrito del oeste del conurbano bonaerense, el resultado yace a la vista: nada se ha hecho en ninguna de las áreas sensibles de la vida social desde salud hasta urbanización. Durante dos décadas y media la mayoría de los barrios permaneció en un letargo de estilo colonial, lidiando con el barro y la desidia.

Pero es todavía peor en lo que afecta a la dimensión cultural por fuera de unos pocos espectáculos aislados de valet y menos de tango, actividades limitadas al centro comercial del distrito pero nada que fuera permitido derramar en los barrios alejados, ni siquiera convocatorias a festivales, nada de dramaturgia, nada de música popular o coro de niños, nada de difusión de la literatura, ni de promoción de la escultura o la pintura, ni siquiera de ferias ambulantes de artesanías –eslabón a mitad de camino que liga lo popular y las corrientes artísticas–, ni mucho menos una feria de libros anual.

Uno de los resultados previsibles a la fecha es la ausencia de un relevamiento interno de las existentes potencias creativas del municipio. Merlo hoy no sabe si entre su gente cuenta con un Ciudadano Ilustre, y desconoce si lo tendrá porque hasta ahora no fue preocupación ni razón de Estado el crecimiento ni el desarrollo de ninguno de sus habitantes. La infiltración de segmentos de la militancia política en los organismos de fomento e interacción barrial como con las Bibliotecas Populares, los escasos Centros Culturales y menos auditorios, fueron coptados y usados durante veinticuatro años como coto de caza para una difusión partidaria repelente que terminó en una grieta social insalvable. El alejamiento del público local llegó y selló el olvido del factor original: cascadas arrolladoras de cultura local y popular emergente.

Años feudales, aprietes y restricciones hasta el reciente cambio de autoridades luego de la derrota ajustada del anterior intendente Raúl Othacehé por la administración actual de Gustavo Menéndez, habla de una generación completa de jóvenes perdida o abandonada a su suerte. No es difícil estimar la desconexión total resultante entre el orbe de creativos y el aparato del Estado. La fractura a nivel medio fue total. Sin duda que el denominador común del actual orden político será la construcción de confianza vecinal en cada convocatoria, en cada compartimiento artístico, y la responsabilidad en el ejercicio de esos lazos de comunión.

Sin embargo, hace pocas horas, las secretaría ejecutivas de la comuna, principalmente la correspondiente a Desarrollo Social y Planeamiento, reunidos en la casa particular de un pianista muy famoso de Merlo, un vecino oculto para el público del oeste, el amigo José Luis Ferreira –el maestro musical del famoso Gustavo Cerati– planifican el lanzamiento de actividades, en principio, literarias, pero que intentan luego extender a las distintas categorías expresivas del arte, que van desde la ilustración, la pintura, la dramaturgia, la música, la escultura, etcétera, con la promoción abierta a participar de talleres libres y gratuitos, el encuentro de artistas juniors y seniors, la exposición y muestras de obras plásticas en casas municipales y salones destinados a la difusión del material creativo existente, pero hasta ahora desconocido; también del acercamiento de noveles y amateurs con la guía de coordinadores destacados en cada área de elección.

Todo está por hacerse en un distrito con más de 800 mil habitantes postergado durante años por un Estado usado a modo de escudo de protección partidaria en manos últimas con militantes de La Cámpora, pero el ímpetu ahora está sobre la mesa. La movida viene impulsada por el mismo intendente del distrito, Gustavo Menéndez, e intenta la tarea formidable de impulsar y fijar en la comuna del oeste una fortaleza activa de creativos y artistas, una reserva estética, que desde lo popular actúen en los espacios destinados por el municipio en una promoción cultural extraordinaria para los vecinos y que establezca tanto vías de acceso en la inserción social como la inercia de una labor inagotable y productiva interdisciplinaria.

Pero no se trata de ocupar espacios huecos, durante la cena en la que participé, se hablo de la Primera Antología de Poetas y Narradores de Merlo a realizarse en 2017, el lanzamiento casi inmediato del inaugural Café Literario de Autores de Merlo en este mes de Noviembre, el inicio de Talleres de Escritura y Literatura, el Censo de Artistas y el Ciclo de conferencias y presentaciones de material narrativo, entre otros compartimientos de interés común, siempre con la logística y los aportes del aparato estatal.

Sin duda, el pueblo de Merlo transita una edad de bisagras. El año entrante será determinante en la fijación de parámetros de trabajo y febril en actividad impulsora. Me honra el lugar preponderante que me dispensan en el comité organizador con esta diversidad de eventos sobresalientes siendo apenas un vecino de San Justo. Y aunque la experiencia me dice que intentan mover un engranaje con el tamaño de una montaña, la buena noticia es que nadie está solo en esta empresa: la inercia aliviará el movimiento. No existe otra máquina de movimiento perpetuo que aquella que reposa en lo exquisito y popular. Será responsabilidad de los vecinos del oeste que no se detenga dentro de tres años, cuando concluya el gobierno y celebren elecciones. Lo definitivo es que Merlo no aguanta más, ahora rompe las cintas de contención, piensa, siente y crece.

CR

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