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Buenos Aires

IX Feria del Libro de San Justo

Por Carlos Rigel (Colaborador Especial)

 

El Jueves 15 de Septiembre quedó inaugurada la IX Feria Municipal del Libro de San Justo, la ciudad central del distrito de La Matanza. Se trata, acaso, del mayor y único evento cultural anual de asistencia masiva. Luego de una jornada intensa de últimas corridas, el acto de apertura y corte de cinta apenas registró la “hora” tradicional de retraso respecto del programa anunciado para las 17 hs. Recordemos que la puntualidad en el protocolo de nuestro país es caracterizado por llegar una hora tarde a todo lo programado, aquí y en el exterior, cuyo rigor ceremonial atropellan impávidos nuestras autoridades, tanto presidentes como figuras políticas menores.

La anécdota sobresaliente, por el momento, la tuvo la Jefa de redacción de nuestro periódico, Patricia, y el fotógrafo de nuestro periódico, quienes pidieron acceso frente al escenario para el registro del evento junto a la comunidad de reporteros, pero ante el pedido inexplicable de la custodia de «acreditarse» como prensa –recordemos que se trata de un acontecimiento público y de entrada gratuita–, se retiraron de inmediato sin documentar la edición de la feria.

Pero, para el público en general, la espera agotadora tuvo modestas recompensas con deleite musical de la Orquesta Escuela del Barrio Almafuerte, quienes por fuera de la carpa ilustraron la tarde del público con piezas clásicas de Bach y compositores universales ejecutados en bronces, mayormente oboes y clarinete.

Para el desconcierto de los expositores matanceros y los vecinos de la ciudad, el primero en visitar los stands fue el ex intendente Fernando Espinoza, cuyo recorrido dio inicio a las 18:50 y concluyó a las 19:30. Nuestra intendente, la Sra. Verónica Magario, siguió en segunda posición la maratón fotográfica por cada box 20 minutos más tarde, con lo cual en reparto de sillas a los expositores –hasta ese momento destinadas al público externo invitado a la ceremonia– se produjo a las 20:15, tras un día completo de pie, inclemencia que originó en los internos sentadas en el suelo durante la espera y salidas a la plaza en busca de bancos para el descanso.

Claro que las fechas que comprende la propuesta no ayudan al comercio. Iniciar una feria pública a mediados y hacia fin de mes augura muchas visitas pero pocas ventas, cálculo que derrumba las posibilidades de amortizar el esfuerzo del comercio en transporte de mercadería, armado de stand y el pago al personal de cada editorial o librería interesada en exponer a la venta un producto restrictivo a fuerza de errores indexados –casi siempre políticos– como es el libro.

La Matanza no está exenta de su contribución al problema. Eso explica la merma y extinción anual de sellos editoriales importantes cuya ausencia hoy en nuestra feria local es notoria, y el incremento de compartimientos claramente de perfil político, como también la aparición de espacios destinados a la venta de comestibles, artesanías y baratijas, casi sin ninguna relación directa con el motivo esencial que es la difusión y el acceso de la palabra escrita al lector.

Sin duda, el apogeo de la muestra anual fue en 2014, en aquella organizada en el predio de la Universidad de La Matanza, error táctico y estratégico que –sumado al viento y la tormenta que sufrió la carpa durante la primera semana– expuso a la comunidad de feriantes a las pérdidas de material de venta, el retiro de expositores y el decaimiento en el interés de los contingentes que justifican el comercio. Desde entonces, la feria languidece sustentada por pocas librerías de renombre y menos sellos editores de prestigio, aunque mucha guitarra. Tampoco existe un comité de evaluación que diseñe estrategias de convocatoria atractivas para los sellos editores perdidos por inoperancia endémica ni asesores que colaboren en la planificación de recuperos.

Recordemos que, en su historial pasado, la nómina contó con la librería céntrica Adán Buenosayres, Eudeba, Patagonia Sur Libros, etcétera, y por un período breve revistió el carácter de «feria Internacional», cuando el Consulado de Paraguay en Argentina fue eco de la comunidad guaraní residente en nuestro distrito quienes contaron con un stand memorable y, en él, la obra de un Premio Cervantes de Literatura expuesta al público, el fallecido don Augusto Roa Bastos, y la presencia inadvertida de autores destacados de la Rep. del Paraguay, como el ex Agregado Cultural de la Embajada destinado en nuestro país, el amigo poeta, narrador y periodista Gilberto Ramírez Santacruz, quién presentó a la venta los dos volúmenes poderosos de «El grito de Antequera», recopilación histórica vigorosa de la emancipación comunera americana en tiempos de la colonia.

Todo eso se perdió. Pero, además, en esta oportunidad, también agrega otro error táctico en el eje central de la IX edición, como será la presentación del libro «Mentir a diario», del locutor uruguayo y nada porteño o bonaerense Víctor Hugo Morales, como para contribuir a la zanja distrital, que en el plano nacional se llama «grieta», a falta de la busca acertada de figuras de reconocido prestigio literario, social y nacional que apadrinen un evento cultural y no político que afirma la segregación y la soledad en el peor momento económico del libro, como objeto de promoción.

A diferencia de la elección de 2014, cuando recayó en la figura de Alejandro Dolina –también locutor en la misma vereda política que Víctor Hugo Morales, pero además, escritor exitoso y animador popular– quien llenó las calles de largas filas de público para escuchar la transmisión en vivo del unipersonal «La venganza será terrible», esta vez quizá no haya filas.

Pero también debo agregar la falta del stand de Paka-Paka, cuyo hueco en el ánimo del público infante no llegan a cubrir las propuestas didácticas y divertidas de los equipos docentes destinados por la comuna. Allí también hay una “falla de San Andrés” que la tan cantada marcha peronista de la primera jornada no alcanzó a menguar.

Producir la feria no es suficiente, también debe ser un éxito, y para eso hay que trabajar mucho, con inteligencia, previsibilidad y un criterio cultural que, por ahora, parecen ausentes en nuestras autoridades locales por falta de criterio, mientras los ejes de planificación, coordinación y promoción continúan siendo las fallas comunes en una Feria de libros que, como dije en otra oportunidad, podría ser soberbia.

El éxito de la muestra pública no puede medirse por su propia realización, sino por la conformidad del público y los expositores que la visitan, así como la elegancia de un edificio nuevo no depende de los albañiles ni de la empresa que provee los materiales, sino del arquitecto y del equipo de profesionales e ingenieros. La tan temida y anunciada «isla» bonaerense llamada La Matanza, hoy naufraga en la llanura inmensa post-kirchnerista. El resultado del acontecimiento, por el momento, es otra proeza pírrica: demasiada pérdida para un triunfo tan mínimo.

CR

rigel

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